Una vez más comparto lo que leo, esta vez lo correspondiente a este año 2015. He aquí mis apuntes:
1.- EL JUGADOR, de Fedor Dostoievski -leído-
2.- EL DESAFÍO STARBUCKS, de Howard Schultz -leído-
Si piensas montar una cafetería o un local cualquiera que implique atención a comensales, no dejes de leerlo!
3.- LA CIUDAD HISTÓRICA COMO DESTINO TURÍSTICO, de Manuel de la Calle Vaquero -leyéndolo-
4.- QUÉ TIENE ELLA QUE NO TENGA YO, del padre Alberto Lineros -leído-
5.- LA METAMORFOSIS, de Franz Kafka -leído-
6.- GÁRGOLAS DE MARACAIBO, de Julio Portillo -leído-
Extraoridanario libro publicado en 1974 y reeditado en 1994. Portillo hace un entretenido acercamiento a las gárgolas, esos sencillos elementos arquitectónicos también conocidos como "perros de agua" que son usados en los techos de las viejas casas marabinas para direccionar el agua de las lluvias hacia las calles, o bien en fuentes ornamentales. El texto es aprovechado por el reconocido autor para hacer un llamado a la conciencia y defender la conservación de varias estructuras con valor histórico que siguen siendo destruidas, exhortación especialmente acorde con la fecha de publicación que coincide con el nefasto derrumbe del Saladillo.
Gárgolas de Maracaibo / por / Tipo: Libro; Forma literaria:
no ficción / Editor: Caracas: Editorial Exlibris, 1994. / ISBN: 9806200888. / Tema(s): ARQUITECTURA | ARQUITECTOS | TRABAJOS ESPECIALES / Descripción: 43 p.; 28 cm x 21 cm.
Última actualización: 03/04/2015.
jueves, 12 de marzo de 2015
martes, 29 de abril de 2014
El misterio del Doña Yolanda
por Jinderson Quiroz
¿Han oído
hablar de esas historias donde misteriosos barcos desaparecen en la nada, como
por arte de magia? Pues bien, algo parecido sucedió por allá en el año 1988 con
el remolcador “Doña Yolanda” propiedad de la empresa Terminales Maracaibo, naviera
nacionalizada hace poco por PDVSA. En aquella oportunidad nueve tripulantes
venezolanos fueron llamados de manera imprevista para realizar un trabajo que
no estaba programado, curiosamente solo embarcaron tres empleados fijos de la
empresa: el capitán de la nave, un maquinista y un segundo marino. Los detalles
del viaje se han ido perdiendo con el transcurrir del tiempo, pero lo que sí se sabe es que el recorrido
contemplaba casi un mes de navegación por el Caribe.
La última vez
que la tripulación se comunicó fue un día jueves a finales marzo, aparentemente
en medio de una tempestad, cuando ya venían de regreso, habiendo zarpado desde
Panamá con destino a Maracaibo; al siguiente día no hubo noticias, y para el
día sábado ya se notaban impacientes los dueños de la empresa, quienes hacían
esfuerzos para ubicar la nave mediante el uso de aeroplanos; finalmente,
transcurridos tres días, un domingo de ramos, es oficialmente declarado como
extraviado el remolcador.
Según un aviso
publicado a principios de abril de 1988 en un diario colombiano, el remolcador transportaba
gran cantidad de monitores y terminales de comunicación. Lamentablemente la
nave nunca apareció, al igual que su carga y sus tripulantes, muy a pesar de
los esfuerzos llevados a cabo por los expertos contratados para tal fin. Apenas
pudo recuperarse lo que pareció ser un remo en los límites entre Colombia y
Panamá, y un bote salvavidas frente a las costas del istmo, el cual fue
plenamente identificado gracias a la placa demarcada con el número 716708.
Muchas
especulaciones surgieron a raíz del suceso, especialmente por lo poco que
extrañamente pudo rescatarse de la nave. Nunca apareció un cuerpo, ni tampoco la
más mínima porción de la mercancía. ¿Acaso fueron atacados por narcotraficantes?
¿La tripulación tuvo algo que ver con la desaparición, o simplemente fueron
víctimas de una tormenta? ¿Los propietarios expresaron todo lo que sabían? Lo
cierto es que nueve familias zulianas quedaron sumidas en la más profunda
tristeza, con una incógnita que muy probablemente jamás será develada.
Este artículo fue publicado el martes 29 de Abril del 2014, en mi columna semanal "Secretos Ocultos de Maracaibo" del diario La Verdad.
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lunes, 21 de abril de 2014
Abril en el Puente sobre el Lago
La semana antepasada, exactamente el 9 de Abril, el diario La Verdad publicó un artículo de mi autoría titulado "Abril en el Puente sobre el Lago", que menciona algunas tragedias acaecidas durante ese mes en el Puente Sobre el Lago. Extrañamente siempre ocurre algo malo en el cuarto mes.
Hoy me sorprende leer en la prensa (aunque lastimosamente no tanto) que fue rescatado el cuerpo sin vida de un hombre que, con ánimos de suicidarse, se lanzó del Puente el pasado sábado 19 de Abril en la tarde.
Aquí pueden leer la noticia: http://www.laverdad.com/sucesos/50671-hallan-cuerpo-de-hombre-que-se-lanzo-del-puente.html
Les dejo también mi artículo.
Hoy me sorprende leer en la prensa (aunque lastimosamente no tanto) que fue rescatado el cuerpo sin vida de un hombre que, con ánimos de suicidarse, se lanzó del Puente el pasado sábado 19 de Abril en la tarde.
Aquí pueden leer la noticia: http://www.laverdad.com/sucesos/50671-hallan-cuerpo-de-hombre-que-se-lanzo-del-puente.html
Les dejo también mi artículo.
Si se toman en cuenta los conceptos del
conocido matemático e investigador psíquico George N. Tyrrell y su célebre
libro Les Apparitions, un punto caliente de
actividad paranormal marabino es el Puente General Rafael Urdaneta, un hilo de
concreto que se eleva 45 metros sobre el nivel del lago, donde han ocurrido
diversas catástrofes y muertes, ya sea por accidente o por voluntad propia. Según
los preceptos de quienes abordan el tema fantasmal, no deberíamos descartar la
posibilidad de toparnos en media vía con el espíritu de una de las tantas
personas que han decidido quitarse la vida al lanzarse de la funestamente
famosa pila 21, posibilidad que se multiplica en las horas de la noche;
especialmente a las 11:06 pm, hora en que se detuvo el reloj del
conductor del autobús de la línea Expresos Maracaibo que, con más de 50
personas, se precipitó al lago el 05 de Abril de 1991. La unidad quedó balanceándose
en el borde por un par de minutos para luego descolgarse desde la pila 66
(una grosería para quienes padecen trihexafobia).
Obviamente no todos los sitios donde ocurren
accidentes son propensos a albergar actividad paranormal, pero según Tyrrell una de las causas que
favorece la visita de una persona después de muerta es que ésta se sienta
culpable por no haber concluido correctamente algún asunto durante su vida. Esa
noche, los proyectos de muchos individuos se vieron interrumpidos abruptamente.
Dejar un viaje sin concluir es precisamente lo que llamaríamos un asunto
pendiente fundido en la eternidad.
También en un mes de Abril, pero de 1964, el
supertanquero ESSO MARACAIBO se estrellaba trágicamente contras las pilas 31 y
32, buque que curiosamente había sido bendecido por el mismísimo obispo de
Maracaibo en la bahía de nuestro puerto el 19/08/1959 (fecha cuyos dígitos si
son sumados una y otra vez hasta obtener un solo número da como resultado 6).
En esa ocasión siete personas perdieron la vida en las aguas del lago.
Muchas otras personas han muerto a causa de colisiones sobre el puente, como el caso de un hombre que murió carbonizado en la parte trasera de un vehículo en el año 2011, exactamente en el mes de Abril –para variar–. ¿Acaso existe alguna secreta conexión entre el cuarto mes del año y la predisposición a que ocurran dolorosas tragedias en nuestro puente?
martes, 25 de febrero de 2014
La Compañía Anónima del Tesoro Escondido
por Jinderson Quiroz
La historia de Venezuela siempre ha estado aderezada con relatos de tesoros y grandes fortunas, y las desavenencias de todos aquellos que invirtieron buena parte de su vida en intentar apoderarse de ellos. Uno de los primeros ejemplos se remonta a la época de la conquista europea, cuando la supuesta existencia de “El Dorado” (una ciudad indígena con grandes reservas de oro) motivara a más de uno a anotarse en las duras expediciones que se organizaron sobre este suelo.
Sin embargo, este interés por encontrar tesoros de gran valor no se limita a primitivos e ilusos exploradores, sino que se extiende a lo largo de nuestra existencia como nación, viniendo a recalar incluso en importantes figuras marabinas. Pocas personas saben que en Maracaibo durante los años 20 del siglo pasado, en una de las casas de la calle Ciencias fueron desenterrados 500 mapas y planos que motivaron la constitución de la Compañía Anónima del Tesoro Escondido, con un capital suscrito y pagado por el orden de los 900.000 bolívares, y cuyo propósito era encontrar los tesoros ocultos que supuestamente podían hallarse en el Zulia.
Quienes formaron parte de esta compañía no eran precisamente individuos sin educación o personas sin oficio, por el contrario, se trataba de un grupo de personas muy influyentes en la región, como el abogado, juez y diputado Pedro París, integrante de una importante firma azucarera; el empresario Benito Roncajolo, quien llegó a ser presidente del estado; y Carlos Tarre Fossi, distinguido personaje de la ciudad. Ellos, junto a otros destacados hombres, se dieron a la tarea de contratar una potente grúa, equipos detectores de metales, así como a un anticuario, un grafólogo alemán, un grupo de buzos y un puñado de expertos excavadores. El entonces presidente del estado Zulia, Vincencio Pérez Soto, llegó a solicitar que se le aceptara como socio activo de la empresa, aunque ésta oficialmente nunca llegó a encontrar algún tesoro que contribuyera al retorno de la inversión.
Tal emprendimiento resulta gracioso y un poco inconcebible, es como decir que actualmente los dueños de un importante periódico y alguna renombrada universidad crearan una compañía para encontrar tesoros en la ciudad y que la máxima autoridad del Zulia les exigiera ser aceptado como accionista de la misma.
La historia de Venezuela siempre ha estado aderezada con relatos de tesoros y grandes fortunas, y las desavenencias de todos aquellos que invirtieron buena parte de su vida en intentar apoderarse de ellos. Uno de los primeros ejemplos se remonta a la época de la conquista europea, cuando la supuesta existencia de “El Dorado” (una ciudad indígena con grandes reservas de oro) motivara a más de uno a anotarse en las duras expediciones que se organizaron sobre este suelo.
Sin embargo, este interés por encontrar tesoros de gran valor no se limita a primitivos e ilusos exploradores, sino que se extiende a lo largo de nuestra existencia como nación, viniendo a recalar incluso en importantes figuras marabinas. Pocas personas saben que en Maracaibo durante los años 20 del siglo pasado, en una de las casas de la calle Ciencias fueron desenterrados 500 mapas y planos que motivaron la constitución de la Compañía Anónima del Tesoro Escondido, con un capital suscrito y pagado por el orden de los 900.000 bolívares, y cuyo propósito era encontrar los tesoros ocultos que supuestamente podían hallarse en el Zulia.
Quienes formaron parte de esta compañía no eran precisamente individuos sin educación o personas sin oficio, por el contrario, se trataba de un grupo de personas muy influyentes en la región, como el abogado, juez y diputado Pedro París, integrante de una importante firma azucarera; el empresario Benito Roncajolo, quien llegó a ser presidente del estado; y Carlos Tarre Fossi, distinguido personaje de la ciudad. Ellos, junto a otros destacados hombres, se dieron a la tarea de contratar una potente grúa, equipos detectores de metales, así como a un anticuario, un grafólogo alemán, un grupo de buzos y un puñado de expertos excavadores. El entonces presidente del estado Zulia, Vincencio Pérez Soto, llegó a solicitar que se le aceptara como socio activo de la empresa, aunque ésta oficialmente nunca llegó a encontrar algún tesoro que contribuyera al retorno de la inversión.
Tal emprendimiento resulta gracioso y un poco inconcebible, es como decir que actualmente los dueños de un importante periódico y alguna renombrada universidad crearan una compañía para encontrar tesoros en la ciudad y que la máxima autoridad del Zulia les exigiera ser aceptado como accionista de la misma.
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Este artículo fue publicado el 25 de Febrero de 2014 en mi columna de todos los martes titulada "Secretos Ocultos de Maracaibo", del Diario La Verdad.
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