sábado, 22 de septiembre de 2012

¿Por qué nací en Maracaibo?

Del cómo un taxista maracucho incidió en el gentilicio de un niño.


Cuenta Domingo Alberto Rangel en su entretenido libro Entre Gochos y Maracuchos, que entre 1936 y 1980 (año en el que nací) la economía venezolana era las más dinámica o figuraba entre las más dinámicas de América Latina.

No lo dudo, mi padre, un antioqueño criado en el departamento de Santander (Colombia), pero tan venezolano hoy en día como la arepa, me cuenta que cuando promediaba los 22 años buena parte de sus contemporáneos –que compartían con él los deseos de fuga de aquél país convulsionado por la violencia– pensaban: ¡hay que salir de Colombia, solo dos países nos ofrecen posibilidades infinitas, Estados Unidos y Venezuela!

Mi papá, que nada sabía de inglés y difícilmente podía reunir lo necesario para llegar a la nación de los gringos, fue a recalar al oriente del país, a Puerto Ordaz. Allí trabajó en la construcción de la represa del Guri, que forma parte de la central hidroeléctrica "Simón Bolívar", la segunda mayor de América.

Cuando corría el año 1976 ó tal vez el 77 (la memoria no es perfecta), mi padre se viene al Zulia tras la promesa de un trabajo bien remunerado. Llega al terminal de Maracaibo a las 10 de la noche y se embarca en un Dodge Dart que fungía de taxi y que era conducido por un personaje de apellido Urdaneta, un maracucho de pura cepa.


Le pide al taxista que lo lleve a un hotel ubicado frente a la Plaza de las Madres (justo donde hoy funciona una venta de Cerámicas) donde supuestamente iba a encontrarse con unos paisanos que le tenderían la mano, pero no logra encontrarlos. Eran tiempos donde un teléfono celular solo podía ser visto en las películas de ciencia ficción, así que fue imposible que mi papá contactara a la gente que buscaba.

Sin saber a dónde dirigirse en una ciudad grande y nueva para él, a la sombra de la noche y con escasísimas monedas en el bolsillo, le pide al conductor que por favor lo lleve a buscar algún hotel económico. Entonces, el señor Urdaneta, mucho mayor que mi padre, le dice con la mayor naturalidad “No te pongáis a dar vueltas mijo, quién sabe qué te puede pasar por ahí, vente pa’ mi casa, descansáis y mañana vemos que pasa”.

Al otro día, bien temprano, el taxista lo traslada desde su casa del Saladillo a la costa oriental del lago, a las instalaciones de Etoxil en Santa Rita, de dónde había recibido la oferta de trabajo. Tras presentarse ante un capataz descubre que el trabajo se lo han dado a otro. El señor Urdaneta, quien lo estaba esperado en el vehículo, no le cobra nada a mi padre ante semejante situación. Por días le ofrece asilo en su casa, hasta que mi progenitor encuentra trabajo en la planta termoeléctrica Ramón Laguna de los Haticos, donde finalmente participaría en la construcción de las calderas 13, 14 y 15.

Mi padre, recién llegado a una Maracaibo que ya había derrumbado buena parte del Saladillo, decide que esta sería su ciudad. Sorprendido por la nobleza y honestidad de su gente, muy diferente al perfil humano de los habitantes de otras ciudades que había visitado, opta por volver a Colombia, casarse con mi mamá y traérsela al Saladillo (a una de las pocas cuadras que aún hoy continúan en pie). En el recién inaugurado Hospital Raúl Leoni del Marite nacería yo, y en el barrio el Saladillo pasaría mis primeros meses de vida.

¿En qué lugar del mundo un taxista te abre las puertas de su casa sin conocerte? ¿En qué otra ciudad encuentras personas que te tiendan la mano desinteresadamente, y te digan sin adornos las cosas que les disgustan para, media hora después, brindarte una bebida en aras de pasar el disgusto? La repuesta a estas preguntas conllevó a que este arqueólogo frustrado naciera en la tierra del sol amada, entre casitas de colores y rodeado de la mejor gente del mundo.

Por Jinderson Quiroz.

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lunes, 17 de septiembre de 2012

Hablemos de nuestro gusto por el aceite


Arturo Uslar Pietri (de ascendencia alemana) en su libro El Globo de Colores nos dejó la siguiente observación gastronómica: "Lo que el pueblo come retrata su historia y su psicología". 

Mandocas, papitas, pastelitos, empanadas, patacones, tostadas, niños dormidos, tequeños, las originales arepas con agüita de sapo, cabimeras y tumba ranchos, yoyos de plátano y teque-yoyos… aquí todo se come preferiblemente pasado por aceite e incluso nos damos el tupé de freír lo que ya está frito. ¿Pero por qué esta costumbre marabina?

Algunos historiadores aseguran que buena parte del gusto por freír los alimentos se lo debemos a los inmigrantes alemanes, quienes debido a la escasez de agua durante las épocas de guerra adoptaron esta costumbre para poder ingerirlos “sanamente”; las grasas Trans como la margarina, fueron creadas en Alemania durante la Segunda Guerra Mundial para suplir las crecientes necesidades de mantequillas y mantecas naturales. Esta realidad, aunada al concepto de Fast Food introducido por los extranjeros que vinieron a trabajar en la industria petrolera, decantó en este sello único de Maracaibo a la hora de cocinar y comer. 

Sin embargo, no se puede dar por sentado que esto sea del todo cierto. Eugene Plumacher, quien fue cónsul de Estados Unidos en Maracaibo entre 1878 y 1910, cuenta en sus diarios que en nuestra ciudad todas las comidas nadaban en grasa. Las fechas, como puede verse, son previas a la Primera Guerra Mundial, por lo que se contradice con la teoría antes expuesta.

El académico Ernesto García Mac Gregor piensa, al igual que yo, que no es debido a los alemanes que sentimos tanto gusto por los alimentos fritos. Queda entonces preguntarnos de dónde se desprende este hábito que tantas barrigas a conseguido engrandecer y tantas arterias a logrado tapar.

[Estoy preparando la publicación de un libro titulado 10 SECRETOS OCULTOS DE MARACAIBO, donde expongo historias poco conocidas de nuestra ciudad. Si quieres apoyar mi proyecto adquiriendo por adelantado un ejemplar por favor contácteme a través de mi cuenta twitter @maracaibogratis o deja un cometario con tus datos]

jueves, 5 de julio de 2012

Algunos detalles del 5 de Julio

Hoy 5 de Julio es bueno aclarar que lo celebrado en esta fecha es la declaración de la independencia de Venezuela y no la firma como tal, pues las rubricas fueron estampadas en el libro unos días después. 

También es oportuno recordar que el texto de la declaración de independencia de Venezuela, ese cúmulo de líneas escritas que simbolizan la partida de nacimiento de nuestra patria y que fueron asentadas en Julio de 1811 sobre el Libro de Actas del Congreso Nacional, estuvo extraviado por casi 100 años, debido, obviamente, a la inestabilidad producida por la guerra de la independencia y demás conflictos que le sucedieron. No fue sino hasta 1907, cuando el historiador Francisco González se topó con estos documentos, en una casa cualquiera de la ciudad de Valencia. 

Gracias a ese hallazgo -casi fortuito-, el precioso libro con la firma de los congresistas puede ser visto hoy por todos nosotros en la Asamblea Nacional.


Por Jinderson Quiroz

jueves, 22 de marzo de 2012

Víctimas Circulares (Microcuento)

Por Jinderson Quiroz

De repente siento un olor que me recuerda mi infancia, fuerte, penetrante… Luego, unos pasos firmes y apresurados, pum! pum! pum! Como si alguien estuviera siendo perseguido, pum! pum! pum!

Al instante el olor merma, no del todo, pero merma. Me atrevo a salir del cuarto. Detallo. Efectivamente, a mi esposa se le quemaban las arepas. Solo algunas lograron salvarse.